Septiembre llega con sus mochilas, sus madrugones, sus reencuentros y esa sensación de que todo vuelve a ponerse en marcha.
La vuelta al cole suele venir acompañada de expectativas: que los niños se adapten rápido, que recuperemos las rutinas, que los horarios encajen, que todo vuelva a la normalidad.
Pero este año, además, el inicio de curso en Catalunya llega marcado por la huelga de maestras y maestros.
Y quizá este comienzo nos invita a recordar algo importante: no todo tiene que estar en orden para poder empezar.
La vuelta al cole también puede remover emociones
Para algunos niños, volver al cole es una alegría.
Para otros, supone nervios, inseguridad, tristeza o incluso rechazo.
Y lo mismo nos puede pasar a los adultos.
Podemos sentir ilusión y cansancio al mismo tiempo. Alivio y preocupación. Ganas de recuperar nuestras rutinas y, a la vez, echar de menos el verano.
Todas esas emociones pueden convivir.

A veces, ante el malestar de nuestros hijos, queremos encontrar rápidamente una solución. Queremos que dejen de estar nerviosos, que no lloren, que se adapten cuanto antes.
Pero quizá no siempre necesitan que solucionemos lo que sienten.
Quizá sólo necesitan que les acompañemos mientras lo sienten.
No tenemos que eliminar las emociones
Cuando aparece el miedo, la tristeza, la frustración o la incertidumbre, nuestra primera reacción puede ser intentar que desaparezcan.
Sin embargo, las emociones forman parte de cualquier proceso de cambio.
La vuelta al cole es un cambio.
Nuevos horarios, nuevas rutinas, nuevas maestras, nuevos compañeros… y para algunos niños, un gran mundo de novedades por delante.
Podemos acompañarlos desde la escucha, la paciencia y la presencia.
Preguntarles cómo se sienten.
Dar espacio a sus preocupaciones.
Validar aquello que les pasa sin intentar quitarle importancia.
Y, sobre todo, recordar que cada niño tiene su propio ritmo de adaptación.
¿Y nosotras? Cómo vivimos la vuelta al cole
También podemos hacernos estas preguntas.
¿Cómo estoy viviendo yo esta vuelta al cole?
¿Estoy intentando llegar a todo?
¿Me estoy exigiendo que todo funcione desde el primer día?
¿Qué necesito para atravesar este inicio de curso con un poco más de calma?
Porque acompañar a nuestros hijos también implica cuidar de quién los acompaña.
No necesitamos empezar septiembre perfectamente organizadas, tranquilas y llenas de energía.
Podemos empezar cansadas.
Con dudas.
Con nervios.
Con ilusión.
Podemos empezar como estamos.
Y desde ahí, poco a poco, encontrar nuestro ritmo.
Una vuelta al cole más amable
Quizá este septiembre el objetivo no sea conseguir que todo vaya bien.
Quizá sea aprender a observar y estar presentes en cómo están yendo las cosas.
Escuchar nuestras emociones y las de nuestros hijos.
Dar espacio a lo que cuesta.
Bajar un poco las expectativas.
Y recordar que adaptarse es un proceso, no una carrera.
Las flores de Bach pueden ser una herramienta de acompañamiento emocional en estos momentos de cambio, ayudándonos a observar qué estamos sintiendo y a cuidar nuestro mundo emocional desde la escucha y el autoconocimiento.
No para hacer desaparecer lo que sentimos, sino para comprenderlo y acompañarlo.
Si quieres conocer cómo pueden formar parte de tu propio proceso de cuidado emocional, te invito a descubrir mi propuesta de acompañamiento con flores de Bach +info.
Volver al cole no significa tenerlo todo resuelto.
Significa empezar un nuevo curso.
Y podemos hacerlo como estamos.
Un abrazo,
Alba


